La autoría de Miguel Ángel, a examen

La autoría de Miguel Ángel, a examen

Incertidumbre sobre el crucifijo que adquirió Italia por más de 3 millones de euros

Roma, 08/06/09 La Justicia italiana investiga la autoría de un crucifijo atribuido a Miguel Ángel. El Tribunal de Cuentas ha abierto una investigación para determinar si la pieza que adquirió el Estado por 3,2 millones de euros pertenece realmente al escultor toscano.

El crucifijo es una escultura de madera de 41,3 centímetros de alto por 39,8 centímetros de ancho. Los expertos datan la obra en el año 1495.

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Se trata de la cruz que el Papa Benedicto XVI presentó el pasado diciembre en El Vaticano con todos los honores. La misma que pasó varios días en la Cámara de los Diputados de Italia y recorrió cientos de kilómetros en el Giro de Italia antes de estar expuesta en Trapani, Palermo y Milán.

La obra fue adquirida por el Ministerio de los Bienes Culturales en un anticuario de Turín en una compra que no estuvo exenta de críticas. Ya desde el principio los expertos y estudiosos de Miguel Ángel pusieron en duda la autoría del crucifijo. Ahora, no se habla de otra cosa en los círculos romanos.

Tanto es así que Pasquale Lannantuono, el procurador general de la Corte de Cuentas de Lazio ha decidido investigar el caso. «Queremos verlo todo claro, por eso hemos iniciado una instrucción», declaró.

No obstante, el actual ministro de los Bienes Culturales y responsable de la adquisición de la obra, Sandro Bondi, afirma no tener ninguna duda sobre la autenticidad del crucifijo.

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Desde que surgieron los interrogantes sobre la autoría de la pieza, son muchos los expertos que han ofrecido sus opiniones al respecto. Paola Barocchi, estudiosa de Miguel Ángel, confirma que se trata de una «obra serial» mientras que la historiadora del arte Mina Gregori rechaza que haya sido realizada por el escultor toscano e invita al Estado a devolver la obra.

Gregori fue la experta que convenció a la Casa de Ahorros de Florencia para que no adquiriese el crucifijo cuando el anticuario turinés se lo ofreció.

Alessandro Nova, director del prestigioso Kunsthistorisches Institut di Firenze afirma estar «pasmado» por la compra del Ministerio. Por su parte Massimo Ferreti dice estar “lleno de interrogantes”, si bien en un principio aceptó al escultor italiano como autor de la obra.

Por el momento, la pieza permanece ajena a todo este debate y se encuentra expuesta en Nápoles. Debería viajar a Florencia para exponerse en julio en el Museo Bargello. Sin embargo, la directora del museo, Beatrice Paolozzi, se muestra escéptica sobre este punto, ya que no ha recibido ninguna comunicación oficial de la llegada de la obra. Sus palabras acerca de la autoría del crucifijo tampoco despejan las dudas: «Seguro que es de buena calidad, pero no soy una entendida en Miguel Ángel y no me pronuncio».

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Polémicas aparte, habrá que esperar a que los tribunales se pronuncien para saber si en la cartela de la obra se podrá leer «Miguel Ángel» o «Atribución anónima».

 

 

Fuente”http://www.arsmagazine.com/090608-N1.html

 

Soneto I/Por Miguel Ángel Buonarroti

Escrito poco después de 1504. Es soneto –como se ve en el último terceto-

dirigido al Amor. Ese Amor –que ha respetado muchos años al poeta–le ataca en la edad madura.

El poema se conserva en un folio donde hay también dibujos de caballos, y un esbozo de batalla entre caballeros e infantes.

 

Soneto I

 

Grato y feliz, a tus feroces males

contender y vencer me fue otorgado;

ahora triste, a menudo, el pecho baño

contra mi voluntad, y sé ya cuánto vales.

Y si los dañinos y pretéritos dardos

no causaron grave quebranto al corazón,

puedes ahora tú mismo a golpes vengarte

con estos ojos bellos, asestándolos mortales.

Cual de muchos lazos y de muchas redes

un leve pajarillo por maligna suerte

años escapa para luego morir más malamente,

igual conmigo Amor, cual veis, señoras,

un tiempo, se me ocurre, me ha guardado,

por darme en esta edad más cruel muerte.  

Soneto III / Por Miguel Ángel Buonarroti

Soneto con dos estrambotes. Escrito hacia 1509 ó 1510, mientras Miguel Angel pintaba los frescos del techo de la Capilla Sixtina. En el manuscrito aparece el bosquejo de un hombre, de pie, mientras pinta una figurilla en lo alto; y una frase que dice: A Giovanni (Juan), precisamente al de Pistoya.

Algo burlesco y realista, el soneto se ha considerado siempre claro testimonio de los esfuerzos gigantescos que Buonarroti hizo, sobre su andamio, para realizar, en solitario, la magna obra de la Capilla. El autorretrato es expresivo, y no falto de expresiones coloquiales oscuras, tal el verso segundo: come fa l’acqua a’gatti in Lombardia. Según Girardi, por gatti -gatos- hay que entender campesinos, a los que el agua en malas condiciones producía bocio.

Giovanni de Pistoia fue un literato, amigo un tiempo muy apasionado de Miguel Ángel, a quien dedicó sonetos casi amorosos. Luego surgieron desavenencias en la amistad. Giovanni llegó a ser canciller de la florentina Academia degli Umidi.

Además de sonetos y rimas, escribió una comedia, Lo Gioia. En la época de su amistad con Miguel Ángel -cuando la pintura de la Sixtina, en que el Buonarroti trató a poquísima gente- Giovanni era joven.

 

 SONETO III

Se me ha hecho ya buche en la fatiga,

como a los gatos hace el agua en Lombardía

o en cualquier otra región en que esto ocurra,

que a fuerza el vientre se junta a la barbilla.

Siento la barba al cielo y en el dorso

la memoria, y tengo el pecho de una arpía,

y el pincel sobre el rostro, goteando,

me lo va convirtiendo en pavimento rico.

Los riñones me han entrado hasta la panza,

y hago del culo en contrapeso grupa,

y en vano sin los ojos pasos muevo.

Por delante se me estira la corteza

y por plegarse atrás ahí se me arruga,

extiéndome como un arco de Siria.

Mas falaz y extraño

el juicio brota que la mente lleva,

pues tira mal la cerbatana rota.

Mi pintura muerta

defiende en adelante, Juan, y el honor mío,

pues no estoy en mi sitio ni pintor me digo.

Un soneto de Vittoria Colonna

Como mínima muestra de las cercanías -y grandes distancias- entre la lírica buonarrotiana, y la de la marquesa de Pescara (mucho más regular en la forma, pero también más blanda), traduzco, testimonialmente, uno de sus sonetos de corte espiritual, parelelo en fecha a los que Miguel Angel le dedicara. Es el que comienza Di gioia in gioia, d’una in altra se hiera, tomado de Poesía Italiana. II Cinquecento. A cura de Giulio Ferroni, Garzanti, Milán, 1978.   De gozo en gozo, de una a otra hilerade pensamientos dulces y hermosos, amor divino afuera me guía del árido frío invierno hacia su verde y calurosa primavera. Quizá el Señor, pues que de blanda cera me vea el pecho, donde el eterno sello quiere imprimir en el más vivo adentro del corazón la fe fundada y verdadera, no quiera con dura cruz en áspero sendero, sino con yugo suave y peso leve conducirme a puerto por vía placentera: o aún quizá, como benigno experto padre y maestro, con esta breve paz me apreste y arme para larga guerra.

SONETO LXXIX/Por Miguel Ángel Buonarroti

Escrito a finales de 1556 o 1557. Es respuesta a otro soneto que le enviara su amigo el arzobispo de Ragusa, Ludovico Beccadelli en febrero de 1556. En él el prelado lamentaba el mucho tiempo que no se veían, tras haber partido él, antes de Ragusa, a Viena. Pero –dice– tal vez el sacrificio de nuestra separación nos valga el cielo.

Urbino es el nombre de un criado de Miguel Ángel, a quien éste quiso singularnente. Le sirvió durante veintiséis años. Y había muerto el 3 de diciembre de 1555.

 

SONETO  LXXIX

Por gracia y cruz y por penas diversas,

seguro, monseñor, que en el cielo estaremos;

mas antes del extremo y último aliento,

gozar nuestra amistad me gustaría bien.

Si un áspero camino con montes y con mar

lejos el uno al otro nos tiene, él espíritu y la gana

obstáculos no curan de hielo o nieve,

ni el ala del pensamiento de lazos o cadenas.

Por lo que con él siempre estoy con vos,

y lloro y hablo de mi muerto Urbino,

que quizá de vivir allí estaría conmigo,

tal como se pensó. Su muerte pues

me lleva y apresura por otro camino,

donde me está esperando para morar con él.

SONETO LXXVIII/por Miguel Ángel Buonarroti

Escrito en la última época de los sonetos. El escultor agradece a alguien –quizá Vasari- que le ha enviado unos regalos. Detrás del manuscrito hay un esbozo de carta a Ammannati y un pergeño de la escalera de la Librería de San Lorenzo, con dos fechas: 1 de enero de 1554 y 26 de diciembre de 1555.

Entre los atributos de San Miguel, además de la espada, está la balanza para pesar las almas de los muertos.

 

SONETO LXXVIII

Por el azúcar, la mula y las candelas,

y aún más por la frasca de malvasía,

queda tan vencida la fortuna mía,

que devuelvo la balanza a San Miguel.

Mucha bonanza tanto desinfla las velas,

que sin viento en el mar pierde su vía

mi débil barca, y parece ser

una astilla en la mar ruda y cruel.

Pues respecto a la gracia y gran presente,

comida, bebida y frecuente viaje

que para mi necesidad tan bien me viene,

querido señor mío, nada os sería

aunque daros pudiera cuanto soy:

no regala quien paga lo que debe.

Soneto LXXVII/Por Miguel Ángel Buonarroti

De difícil datación. Por el tono espiritualista y las imágenes, Girardi lo sitúa entre la última producción migueIangelesca.

El sujeto de la primera oración es los espíritus electos, en el tercer verso.

 

Soneto LXXVII

 

No fueron menos ledos que tristes y turbados

porque padecieras tú, y no ellos, la muerte,

los espíritus electos, cuando las cerradas puertas

del cielo, con tu sangre en tierra abriste al hombre.

Alegres, porque, creado, lo redimiste

del primer error de su mísera suerte;

tristes, al sentir que en la pena áspera y fuerte,

siervo de siervos en la cruz te hiciste.

Por ser quien eras, hizo tal signo el cielo

que oscureció sus ojos, abrió la tierra,

temblaron montes y las aguas se hicieron turbias.

Sacaste a los grandes Padres del reino tenebroso,

y a los ángeles malditos sumergiste en más dolor;

sólo gozó el hombre, renacido en bautismo.

SONETO LXXVI/Por Miguel Ángel Buonarroti

Escrito en 1555. Soneto varias veces reelaborado. En el manuscrito hay un dibujo de columnas para la entrada a la Biblioteca de San Lorenzo.

 

SONETO LXXVI

 

Si a menudo ocurre que el gran deseo promete

a mis tantos años más años todavía,

no hace que la muerte no se apresure siempre,

o que donde duela menos,más se acelere.

?A qué más vida para gozar se espera,

si sólo en la miseria a Dios se adora?

Feliz fortuna, y con larga demora,

tanto más daña cuanto más deleita.

Mas si acaso gracia mi corazón alcanza,

Señor mío querido, aquel ardiente celo

que al alma reconforta y asegura,

pues que el propio valor nada me vale,

rápido entonces llévame ya al cielo:

que con mucho tiempo, el bien querer es menos.

SONETO LXXV /Miguel Ángel buonarroti

Escrito en 1555 o después. Grafía temblorosa en el manuscrito.

 

SONETO  LXXV

Cierto de la muerte, no aún de la hora,

la vida es breve y poco ya me resta;

grata a los sentidos, pero no morada

del alma, que me ruega muera.

Es ciego el mundo y aún el triste ejemplo

vence y sumerge toda costumbre buena;

se apagó la luz y en ella la confianza,

triunfa lo falso y la verdad no brota.

Ay ¿cuándo vendrá, Señor, lo que aguarda

quien en ti cree? pues la mucha tardanza

la fe corta y hace el alma mortal.

¿Qué vale que nos prometas tanta luz,

si antes llega la muerte, y sin refugio

para siempre nos deja donde nos alcanza?