Picasso subyugado por los fetiches

Vanguardia 1907

Picasso subyugado por los fetiches

 «Siempre se habla de la influencia de los negros en mi arte. ¿Qué puedo hacer? A todos nosotros nos gustan los fetiches. Van Gogh dice: el arte japonés, eso teníamos nosotros en común. En nuestro caso son los negros. Sus formas no tienen más influencia en mí que en Matisse. O que en Derain. Pero, para ellos, las máscaras eran unas esculturas como las otras. Cuando Matisse me mostró su primera cabeza negra me habló de arte egipcio.

“Cuando fui al Trocadero, fue increíble. Parecía el rastro. Y ese olor. Estaba solo. Quería irme. Pero no me iba y me quedaba. Me quedaba. Comprendo que era algo muy importante: me estaba sucediendo algo ¿no es verdad?

 “Las máscaras no eran unas esculturas como las otras. En absoluto. Eran algo mágico. ¿ Y por qué no los egipcios, los caldeas? No habíamos reparado en ellos. Eran primitivos, no mágicos. Los negros eran intercesores; conozco la palabra en francés desde aquellos momentos. Contra todo; contra los espíritus desconocidos, amenazantes. Yo siempre miraba los fetiches. Así comprendí: yo también estoy en contra de todo. Yo también pienso que todo es desconocido, enemigo. jTodo ! jNo sólo los detalles! Las mujeres, los niños, los animales, el tabaco, el juego… iSino todo! Comprendí para qué les servía esa escultura a los negros. Por qué esculpían de ese modo y de ninguna otra forma. Y no obstante ino eran cubistas! Puesto que el cubismo no existía. Seguramente, unos personajes habrían inventado los modelos, y otros les habían imitado, la tradición ¿no? Pero todos los fetiches servían para lo mismo. Eran armas. Para ayudar a la gente a no ser sometidos ya más por los espíritus, a ser independientes. Eran herramientas. Si damos una forma a los espíritus devenimos independientes. Los espíritus, el inconsciente (todavía no se hablaba mucho de ello), la emoción, todo es lo mismo. Comprendí por qué quería ser pintor. Solo en un museo repulsivo con máscaras, muñecas pieles rojas, maniquíes polvorientos. Les demoiselles d’Avignon debieron de llegar ese día pero no a causa de las formas: puesto que fue mi primera tela de exorcismo isí!»

 

Referido por ANDRÉ MALRAUX

en La téte d’ obsidienne.

Ed. Gallimard

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