AMADEO MODIGLIANI

AMADEO MODIGLIANI— COLUMNAS DE  TERNURA

1884-1920

 

«Lo que busco no es lo real ni tampoco lo irreal, sino lo inconsciente, El misterio instintivo de la raza»

 

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La fase escultórica de Modigliani comenzó con su traslado a Montparnasse, por aquel entonces (1904-1909), una zona de reciente construcción en la periferia. Supuestamente el artista recibía de las obras cercanas los bloques de piedra que utilizaba como material para sus esculturas, y – si nos atenemos a la leyenda- tallaba sus cabezas en la madera de los travesaños destinados a la construcción del metro.

Sus trabajos escultóricos muestran medidas básicas homogéneas, son figuras rectangulares a modo de estelas que apenas muestran formas espaciales. En su mayoría se trata de cabezas icónicas semejantes a ídolos que, por sus proporciones armoniosas y su sencillez, exhiben un semblante extremadamente digno y majestuoso.

 

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La fuerte estilización de las cabezas, sus cuellos largos, las narices agudas como flechas y esos ojos representados únicamente como contornos constituyen por su arcaísmo una referencia consciente a aquellas esculturas de los «primitivos», que en esa época eran el foco de atención de los círculos vanguardistas de París. No obstante su obra sólo puede compararse muy vagamente con la escultórica de la llamada plástica negra o con objetos de culto pagano, como por ejemplo las esculturas de las Cícladas. En ninguna escultura de Modigliani se puede apreciar adaptaciones formales concretas. Su elegante reduccionismo se restringe a la paráfrasis de lo llamado primitivo. Pero con toda seguridad sus obras se inspiran en aquellos testimonios culturales extraeuropeos o prehistóricos, al menos en lo a su muy generalizada expresión que de lo primigenio se refiere.

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Desde el punto de vista formal, en sus esculturas se observa una pronunciada tendencia hacia lo estatuario y tectónico. Exceptuando las cabezas de piedra de seres indefinidos, este hecho se perfila en un segundo grupo de obras al que se aplicó como pintor, escultor y dibujante en reiteradas ocasiones.

Su dedicación al tema de las cariátides, si muestra una referencia clara a la antigüedad greco- romana, aunque el artista abandona la función arquitectónica original –sustentar un determinado volumen de edificio- por la expresividad gestual. Trata el tema de tal forma que la figura aparece como la encarnación de un ser humano cargado de peso, interesándose por la solución de problemas genuinamente escultóricos tales como los volúmenes de los cuerpos, o en menor grado su relación con el espacio, si bien su contenido simbólico pasa a ocupar el centro de atención.

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Como es sabido, la influencia de la escultura arcaica en el arte de la época anterior a la Primera Guerra Mundial fue excepcional, no exenta, por cierto, de un considerable componente crítico respecto de la “civilización”. Lo primigenio, la simplicidad, claridad y naturalidad eran los valores que se advertían en las «sculptures nègres». Un mundo cada vez más tecnificado y materializado, que tuvo su origen en los países industrializados del s XIX, engendró a principios del siglo XX, una larga serie de movimientos en contra.

 

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El trabajo escultórico de Modigliani beneficia enormemente su pintura. Por vía de la escultura llega formalmente a la reducción, linealidad, abstracción y, mediante todo ello a un lenguaje pictórico propio y homogéneo especialmente manifiesto en sus numerosos dibujos de cariátides. Sobre este motivo de la antigüedad el artista elaboró su motivo lineal, las formas de contornos suavemente curvos y la acentuación de lo superficial, características que han pasado a ser señas de identidad del artista.

 

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Parece que el punto de partida artístico de Modigliani rehúye cualquier debate estético. Sus obras plásticas no son resultado de un verdadero planteamiento escultórico, dado que tiene su origen – y esto se insinúa en su descripción lírica como «columnas de ternura»- en una amplia concepción poética.

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Se sabe que Modigliani fue un gran amante de la poesía, que recitaba de memoria párrafos enteros de Dante y Petrarca. En los relatos de sus contemporáneos abundan referencias a sus extensos conocimientos literarios, en los que siempre aparecen los nombres de Mallarmé, Rimbaud, Baudelaire , Nietzsche, Bergson y D´Annunzio. Por ello resulta difícil encerrar su obra según cánones establecidos sobre las vanguardias del siglo XX; mucho más razonable, tal vez, sería establecer una comparación con un poema como «La belleza», de la antología «Spleen et Ideal», puesto que parece haber sido creado ex profeso para los ídolos lejanos y pétreos de Modigliani, o viceversa, lo que no es del todo imposible.

 

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La belleza

 

Soy hermosa, oh mortales, como un sueño de piedra,

y mi pecho en que todos encontraron su herida

nació para inspirar al poeta su amor

silencioso y eterno como lo es la materia.

 El azul es mi reino, soy esfinge secreta,

corazón como nieve y blancura de cisne;

odio cuanto se mueve y desplaza las líneas,

no he llorado jamás ni jamás he reído.

 Porque yo sé hechizar al amante y esclavo

con espejos purísimos que hacen más bello el mundo:

¡Estos ojos tan grandes de fulgores eternos!

 

Charles Baudelaire

 

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