LA PUJANZA ANTIOQUEÑA


El maestro Miguel Ángel Betancur, dentro de su estilo figurativista, nos tiene acostumbrados a una serie de innovaciones dentro de lo que podríamos llamar su derrotero vital escultórico. Hoy, el maestro nos viene con un alto relieve de dimensiones colosales, sumamente interesante, no solo desde el punto de vista de la plástica, sino también, en cuanto a la síntesis trascendente de Antioquia, sus gentes y todo cuanto debe estar presente en una obra maestra que se pretenda sea homenaje y alegoría para nuestro pueblo, aquel que el poeta, en su más pura inspiración llamó “el de la dura cervis”.

Se trata de una composición efectuada en una superficie de 2.20 mts. X 6.00 mts., de sentido horizontal. El maestro plantea su obra a la manera de los grandes antecesores, con composición en triangulación. En el primero y último recuadros, de tamaño normal y en el del centro, una suma de dos recuadros normales. Con base en estas líneas de composición y reparto desarrolla su temática sobre los Ancestros, La Minería, en sus dos facetas: de barequeo y de socavón, la arriería y la industria, presidiendo el conjunto una mujer que representa el espíritu de Antioquia indomable, emprendedora, pujante, capaz de todo cuanto se propone dentro de una gesta ascendente hacia la superación total dentro del universo. 

Con el hábil aprovechamiento de los distintos símbolos, que hoy ya se han vuelto representativos de nuestro pueblo, el artista crea con un excelente trabajo de filigrana de texturas un juego secuencial que tiene por resultado un impresionante cuadro donde todo cuanto ha sido fundamental para Antioquia coadyuva a dar un rápido vistazo dentro de la historia vernacular nuestra. 

Lo único lamentable de esta obra es que queda su apreciación reducida a un muy limitado, pero distinguido grupo de personas, mientras que obras menos claras, más confusas e intrascendentes se levantan como banderas semi-arriadas, condecoradas con muñecos, en verdadero galimatis apastichado, donde el mensaje, si es que existe se pierde y no llena la labor testimonial debida. 

Esta obra es digna de cualquier sitio por importante que sea, pero llenaría una labor educacional incomparable donde estuviera al alcance el grueso público.

RAFAEL ORTIZ ARANGO.

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