Recordando al Escultor José Horacio Betancur  a sus 62 años de muerto !

Recordando al Escultor José Horacio Betancur a sus 62 años de muerto !

Quiero hoy 10 de Noviembre recordar la muerte hace 62 años del Gran Escultor con un escrito de su amigo El Poeta Oscar Hernández

ENTRADA A LA MADERA Y A LA PIEDRA

Por: Oscar Hernández  para El Colombiano Literario,Domingo 17 de Noviembre de 1957

( A José Horacio Betancur )

Cuentan que fué primero el barro que el hombre y que antes que aquel lIegó por los aires del mundo el creador Soplo Divino. Cuentan que el primer habitante salió de la orilla de un río, animado y vital entre las manos todopoderosas de nuestro Dios. Hermosa suma divinidad, barro, selva, sangre y deseos de vida.

Por eso, el más humilde de los elementos, el polvo humedecido, es el más noble de los materiales. Su primer artífice, el hijo del hombre, su mejor obra, los hijos de los hombres a quienes hizo para que poblaran la tierra y para que la abandonasen a su debido tiempo, esperando su perentoria orden de muerte. 

A unos ordenó levantar casas, a otros sembrar y segar el trigo, a otros convertir esas mismas espigas en grumos de sangre para sus hermanos, y a otros los siguió con el más trascendental de los oficios: labrarían el barro con sus manos, golpearían la piedra a fuerza de espíritu y brazos, y darían vida a la madera que dormía sus seculares sueños en los bosques. 

-Tu entrarás a la piedra, José, y de Ella harás copia de mis animales, herirás los troncos del abeto y pondrás en relieve las sogas de mi martirio. Tomarás el barro humedecido y sacarás los ojos, y narices, y torsos desnudos para recordar la creación del primer hombre. 

José, el buen obrero de la belleza, tomó su mazo y empezó a golpear. Del fondo de los montes le gritaban con su estridencia ancestral los mitos de una raza legendaria. En los ríos escuchaba el llanto de la madre que ahogó a su pequeño en un charco lleno de ranas y de lunas. Los venados llegaban corriendo hasta la puerta de su casa, y allí quedaban convertidos en estatuas de barro. Entre misteriosos y pintados papagayos metió los ojos hasta sacarlos relucientes, se adentró el chillido de los monos y amó los batracios, pasando dulcemente la espátula por sus espaldas rugosas. Hermosa cara de Indio joven, tenía un antiguo compromiso con su raza y una tarde, en mitad de la ciudad, se le apareció el cacique Nutibara con el brazo en alto, señalando un sitio en las montañas. 

-Entrarás a la madera, José, entrarás a la piedra, entrarás al embrujo de los mitos y saldrá tu victorioso espíritu cantando en una sola pierna. El hierro de tus manos será aterciopelada para el Alma y seda para el ojo que mire tu labor. No dormirás: la pesadilla de la serpiente de piedra te despertará en mitad de la noche, y de la misma tierra tendrás que sacar tus más preciados frutos. Fuiste hecho de tierra y con Ella debes responder a la señal que te fué impuesta. 

Y trabajó, y golpeó rocas y guayacanes poderosos, amasó tierras y gredas difíciles y oscuras. Afiló cinceles, cumplió la orden que le dieran bosques y canteras, y un día se perdió detrás del embrujo de sus mismos animales. Una mañana, un mal golpe del cincel partió en dos su mejor escultura. Ya estaba hecha, se movía en el aire, la última espátula había colocado los cabellos en su sitio, pero ese ciego cincel golpeó sobre la obra viva y la hizo trizas para siempre. 

Ahora nacerá otro Mito, originado en él, que tanto los buscaba. El del niño que jugando en el bosque, dió muerte a otro niño.

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