Soneto XVIII

Por Michelangelo Buonarroti XVIII Sólo con fuego el herrero el hierro extiende por hacer su trabajo igual a su concepto, ni sin fuego artista alguno el oro  al sumo grado lo refina y vuelve;ni el singular fénix se rehace si no ardió primero; por lo que, si ardiendo muero, espero mas claro resurgir entre aquellos a quienes muerte enaltece y no ofende el tiempo. Del fuego que hablo me es gran ventura aun para renovarme en mí tenerlo, contándome ya casi entre los muertos. O bien, si al cielo asciende por natura, a su elemento, y estoy convertido en fuego ¿cómo ocurrirá que consigo no me suba?  Miguel Ángel Buonarroti De…

Continuar leyendo

Soneto XVII

Por Michelangelo Buonarroti XVII Si yo hubiera creído a la primera mirada al cálido sol de esta fénix alma por fuego renovarme, como acostumbra ella en la vejez extrema, en el que entero ardo, cual velocísimo ciervo, lince o leopardo sigue su bien y del dolor escapa, a los actos, sonrisas y honestas palabras corriendo habría ido, mas soy presto tarde. ¿Pero por qué dolerme, si veo en los ojos de este ángel único y contento mi paz, mi reposo y mi entera salud? Peor hubiera sido -quizá- primeramente verlo y oírlo, que ahora con igual vuelo consigo me arrastra a seguir su virtud.  Miguel Ángel Buonarroti De 1532. Siempre la historia amorosa…

Continuar leyendo

Soneto XVI

Por Michelangelo Buonarroti XVI Tú sabes que sé, mi señor, y sabes que me aproximo más para gozarte, y sabes que sé que sabes quien soy: ¿a qué pues más retardo en saludarse? Si verdad es la esperanza que me das, y verdad mi gran deseo concedido, el muro rómpase alzado entre los dos, que son mas fuertes los daños ocultos. Si solo amo de ti, mi señor querido, lo que de ti mas amas, no te enojes, si un espíritu del otro se enamora. Lo que en tu bella faz aprendo y busco, mal lo comprende el ingenio humano: Quien saberlo quiera, ha de morir entonces.  De 1532. Obviamente, es el inicio…

Continuar leyendo

Soneto XV

Por Michelangelo Buonarroti XV Si un casto amor, si una piedad altísima, si una fortuna igual a dos amantes, si una suerte adversa les importa a ambos, si un espíritu y querer rige su corazón; si eterna es un alma, pero los cuerpos dos, llevándolos al cielo con alas similares; si Amor a un tiempo y con dorado dardo lo íntimo de dos pechos lacera y arde; si uno ama al otro y ninguno a sí mismo, con igual gusto y cariño, a punto extremo que quieran los dos al mismo fin llegar: entre mil y mil, a cien alcanzarían con tal nudo de amor, y semejante fe; que solo él desde lo…

Continuar leyendo

Fin del contenido

No hay más páginas por cargar

Cerrar menú